Friday, October 11, 2013

Laura

Laura Castañeda fue mi amor imposible durante mi infancia, a veces aun estos días me pregunto que habrá sido de ella, lo ultimo que supe de ella es que  se mudo a Querétaro, ahora pienso que no es tanta la distancia, en ocasiones me imagino que habría sido de nosotros si hubiéramos andado. Nuestra historia es la típica de dos niños de secundaria, ella era mi mejor amiga y se sentaba en el pupitre adelante del mío.

A Laura la conocía desde tercero de primaria, ella fue mi mejor amiga antes que Juan. Era la niña mas bonita del tercero C pero para mi era la niña mas bonita del mundo.  Cuando la vi por primera vez,  yo iba entrando al salón de clases,  tarde como siempre, todos ya se conocían y yo me moría de miedo ya que fiel a mi costumbre falté el primer día de clases, costumbre que me seguiría durante toda mi vida escolar. Paranoico como siempre he sido, una parte de mi sentía que era observado y que todos me verían como bicho raro por haber faltado el primer día, pero papá decía que regresar el domingo antes del primer día de clases nos arruinaría las vacaciones por todo el tiempo que perderíamos en la carretera, con el tiempo me di cuenta que efectivamente el primer día de clases servía únicamente para socializar, algo para lo que definitivamente nunca fui bueno.

Desde la primaria los maestros tenían esa costumbre de sentarnos por apellidos, esa misma costumbre que me  puso a Juan a mi costado izquierdo, me puso detrás de Laurita Castañeda, al principio no podía creérmelo, todos los días le alcanzaba a oler el cabello  por las mañanas,  el ambiente se inundaba con  el olor de su shampoo , ese era mi punto mas alto del día, eso y la sonrisa de Laura cuando llegaba al salón de clases, siempre que pasaba a su lado me sentía tan estúpido, me ponía tan nervioso tratando de evitar tropezarme  o de no tartamudear al saludarla. Las primeras dos semanas apenas cruzamos palabras, a veces ella me pedía que le pasara su sacapuntas, su goma o su cuaderno que había tirado  y en otras ocasiones yo le pedía que me repitiera lo que había dicho el maestro, yo solo buscaba un pretexto para que me dirigiera la palabra, aunque a veces solo hablara con su espalda, podía imaginarla sonriéndome.

Un día la maestra Blanca que nos daba la materia de español había avisado al prefecto que llegaría tarde, por un momento pensé que seria la ocasión perfecta para hacerle la platica a Laura, por fin podría hablar con ella y verla directamente,  observar detenidamente sus ojos color miel y los hoyuelos que se le formaban en los cachetes al sonreír, por fin ella podría voltear sin el temor de que la Miss Blanca la regañara. Laura volteó apenas sonó la chicharra del inicio de clases y los colores se me subieron al rostro, no podía dejar de sonreír, en mi cabeza solo existía un pensamiento - Laura también  había estado deseando ese momento tanto como yo-  . Laura me sonrió, no cabe duda que las mujeres nacen con ese carisma que puede desarmar completamente a un hombre, se mojo los labios antes de hablar y me dijo - Oye Carlitos, ¿ puedes cambiar de lugar con Jimena?- el corazón se me hizo pequeño y  seguramente se noto en mi rostro porque al ver mi reacción Laura añadió -Bueno, si no quieres, le digo a Armandito que se pase para acá-  trate lo mejor posible de evitar que notara mi decepción y le respondí - Si, claro- pensé que si  Laura me debía un favor, después podría cambiarlo por un beso, porque  se casara conmigo o que me dejara  elegir el nombre de nuestro primer hijo.  Me pare de mi lugar como un zombie inerte y camine hasta el lugar de Jimena.

Aunque mi primer intento por acercarme a Laura había fracasado, ese fue el momento en que ella y yo empezamos a volvernos mas cercanos,  debo aceptar que un tiempo ella solo me hablaba para pedirme favores.  Insisto las mujeres vienen de fabrica con un chip que apendeja los hombres, pero después mientras crecía la confianza,  la mecánica cambió, ella me pedía mi opinión acerca de lo que dibujaba en su cuaderno, de como podía mejorar sus avioncitos de papel o de quien ganaría en una pelea entre Leon-O o Pantro, me encantaba que compartiéramos el gusto por las caricaturas, a ella le gustaban mas los Halcones Galácticos  que los Thundercats, pero bueno nadie es perfecto.

Todos  los días  cuando platicaba con Mamá de mi día en algún punto la mencionaba -Laura hablo de su viaje a Cuernavaca hoy en la clase en inglés, Laura tiene un perrito Maltés que viene desde Estados Unidos- Mamá se burlo de mi diciendo que seguro el perrito de Laura hablaba inglés mejor que yo. No se necesitaba ser adivina para que supiera cuanto me gustaba Laurita, siempre que hablaba de ella tenia una sonrisa de oreja a oreja.

Por las noches no dejaba de pensar en ella, pensaba en los temas de los que hablaría con ella al día siguiente, en que algún día me atrevería a tomarla de la mano, a besarla y a pedirle que fuera mi novia, pensaba que si mamá se enteraba que tenía novia seguro me metía a la escuela militarizada. Mamá trataba de dejarme ser libre en cuanto a mis pensamientos sobre Laura pero Papá siempre me hacía burla - Mira ahí va la niña que te gusta! - y en dos mili segundos mi cara se tornaba roja como un jitomate - Hijo tienes buen gusto, como tu padre- .

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